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Explorando la dinámica familiar

Trauma y adicción: herramientas para la recuperación

Cómo afrontar el estrés: 7 consejos para superar los obstáculos de la vida.

Cómo la actividad física puede influir en el bienestar mental.

Ante todo, es importante recordar que el individuo es un todo compuesto de cuerpo y mente. Idealmente, ambos deberían estar en armonía para alcanzar el bienestar.

La actividad física regular puede aportar muchos beneficios a la mente, como mejorar la memoria, reducir la depresión y la ansiedad, mejorar el aprendizaje, aumentar la autoestima, ayudar a prevenir enfermedades neurovegetativas e incluso ralentizar la pérdida de neuronas que suele producirse con el envejecimiento.

La actividad física ayuda a liberar endorfinas, que son neurotransmisores que pueden reducir la sensación de dolor y mejorar el estado de ánimo, lo que ayuda a reducir el estrés, la ansiedad y la depresión, lo cual puede ser particularmente útil para los pacientes que se someten a terapia o análisis.

"Hoy en día, numerosos estudios científicos demuestran que el ejercicio físico regular tiene un impacto positivo en la salud mental", afirma la Dra. Bruna Campos, psiquiatra de la Universidad Federal Fluminense (UFF) de Río de Janeiro.

Según el médico, la actividad física, además de contribuir a una mayor autoestima y autoeficacia, promueve un cambio biológico en nuestro cuerpo, liberando neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la norepinefrina, reduciendo la inflamación y mejorando la respuesta inmunitaria, entre otros factores que están asociados con un mejor funcionamiento del sistema nervioso central.

“Además, ya existen sólidas evidencias científicas sobre el ejercicio, no solo para mejorar el bienestar, sino también para prevenir y aliviar los síntomas de la depresión , la ansiedad , el trastorno bipolar , etc. En el caso de la depresión, por ejemplo, tanto el ejercicio aeróbico como el de resistencia han demostrado ser eficaces para reducir los síntomas cuando se practican durante 90 minutos a la semana. Esto equivaldría a unos 30 minutos, tres días a la semana”, explica.

“Ya contamos con metaanálisis (investigaciones con el más alto nivel de evidencia científica) que demuestran que, en casos de depresión leve, por ejemplo, el ejercicio físico regular durante 30 minutos, tres veces por semana, ha demostrado ser tan eficaz como el apoyo psicológico y el uso de algunos medicamentos, y debería incluirse como parte del tratamiento”, informa el especialista.

En general, el ejercicio físico trabaja aspectos como la fuerza, el equilibrio, la flexibilidad y la resistencia, pero debemos recordar que todas estas cualidades también se desarrollan a nivel mental y emocional. Cuando nos ejercitamos conscientemente, estas cualidades se trasladan a nuestra vida diaria, lo que nos permite ser más conscientes de nuestras sensaciones corporales, como la respiración, la tensión muscular y el ritmo cardíaco, ayudándonos a comprender cómo reacciona el cuerpo ante situaciones emocionales y a aprender a gestionarlas.

Un estudio publicado en la revista Journal of Clinical Psychiatry descubrió que la actividad física regular puede ayudar a reducir el riesgo de depresión hasta en un 26%.

Según el Instituto Einstein, los estudios demuestran que la actividad física regular, independientemente del tipo, mejora el bienestar emocional.

Aquí tienes algunos consejos sobre actividades beneficiosas para combatir la ansiedad:

Para ir en bicicleta

Correr

Meditar

Yoga

Estirar

Bailar

Senderismo

Estas son solo algunas sugerencias, pero puedes elegir entre otras actividades como judo, natación, etc. ¡Lo importante es moverse! Encuentra la actividad con la que más te identifiques. ¡Haz ejercicio! ¡Ve a terapia!

HABLANDO SOBRE EL SUICIDIO Septiembre Amarillo: Mes de Concientización sobre la Prevención del Suicidio Es importante alentar a las personas a hablar sobre el tema y buscar ayuda cuando sea necesario. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), prácticamente el 100% de los casos son cometidos por personas con enfermedades mentales, principalmente sin diagnosticar o con un tratamiento inadecuado. Brasil ocupa el octavo lugar entre los países con las tasas de suicidio más altas. La Asociación Brasileña de Psiquiatría estima que el 96.8% de los casos tienen esta relación, siendo la depresión la principal enfermedad vinculada a las muertes por suicidio. Pero no es la única, ya que los expertos también observan una relación con los trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar. También existe una relación con los trastornos psicóticos, de ansiedad y de la personalidad. En Brasil, se registran aproximadamente 14,000 casos por año, lo que significa que, en promedio, 38 personas se suicidan por día, y las tasas siguen en aumento. Muchos casos podrían evitarse si las personas tuvieran acceso a tratamiento e información de calidad. Señales de alerta Cambios en el comportamiento: – Aislamiento de seres queridos y actividades placenteras. – Descuido del autocuidado. – Consumo excesivo de drogas, incluido el alcohol, y/o participación en situaciones peligrosas que ponen en riesgo la salud. Sentimientos: – Sentimientos de ser una carga para los demás. – Baja autoestima. – Cambios de humor repentinos sin justificación. – Comentarios pesimistas exagerados. Cambios físicos: – Insomnio o sueño excesivo. – Cambios en el apetito con pérdida o aumento de peso significativos. – Quejarse de fatiga constante sin razón aparente. Pérdida o trauma reciente: – El duelo por la pérdida de un ser querido, un trabajo o la jubilación puede aumentar el riesgo. – Comentarios como «Ojalá pudiera desaparecer», «Todo sería mejor sin mí», «Ojalá pudiera dormir y no despertar jamás». Hablar frecuentemente de la muerte, el morir o el suicidio. Quienes han intentado suicidarse tienen mayor probabilidad de volver a intentarlo. Cómo ayudar: Si detectas que la persona está pensando en el suicidio, ¡ayúdala! ¿Cómo? Escúchala y deja que exprese sus sentimientos sin juzgarla. Demuéstrale que estás disponible para escucharla sin dar consejos. No minimices sus sentimientos. No la dejes sola, aléjala de posibles peligros inmediatos, no cierres las puertas con llave, no creas sus amenazas y, sobre todo, llévala inmediatamente a un profesional de la salud para que reciba tratamiento.

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UN POCO SOBRE EL TRAUMA

 

Los recuerdos no revelan experiencias objetivas, sino cómo cada uno de nosotros se relaciona con una experiencia particular. Por lo tanto, no transmiten datos objetivos e inequívocos sobre el contenido de recuerdos implícitos o explícitos. Se forman según nuestra perspectiva. Así, un evento solo se convierte en trauma cuando las emociones perturbadoras interfieren con el procesamiento del recuerdo. Nuestro estado de ánimo y sensaciones actuales desempeñan un papel fundamental en cómo recordamos un evento en particular. Por consiguiente, cambiar nuestro estado emocional actual es la condición principal para trabajar eficazmente con los recuerdos traumáticos.

Con el tiempo, estos recuerdos se vuelven aún más maleables, como un tapiz que el cerebro teje sobre nuestros cimientos biográficos previos, renovándose con la información proveniente del flujo de experiencias.

No podemos cambiar los acontecimientos del pasado, pero podemos transformar las narrativas sobre ellos creando maneras de afrontar los aspectos más aversivos del trauma para que nuestras historias no nos condenen.

Los recuerdos de un trauma no se almacenan como recuerdos, sino, por lo general, como sensaciones físicas que se experimentan como amenazas inminentes cargadas de emociones negativas como miedo, ira, pánico, entre otras. ¡El trauma queda impreso en el cuerpo! En el cuerpo, en el cerebro y la mente, en la psique y el alma.

Es importante hablar de esta historia de manera que se cree una narración que pueda observarse sin prejuicios, evitando incorporar efectos intensos en los comportamientos y los estados emocionales.

Debido a que el trauma revive perpetuamente el pasado, el presente y el futuro dejan de existir, interfiriendo con la capacidad de concentrarse verdaderamente en nuevas situaciones y dificultando la apreciación del momento presente. No hay futuro en el pasado. Estar traumatizado es como vivir en una pesadilla eterna o revivir el mismo día repetidamente, como en la película El día de la marmota, donde el protagonista, un reportero, está atrapado en un bucle temporal, reviviendo el mismo día una y otra vez. El individuo queda atrapado en una red de miedo emocional no resuelto, en la confusión y la disociación de esa historia.

Todo esto puede generar un estado de insensibilidad, una incapacidad para conectar con las propias emociones y nombrarlas, y, sobre todo, una incapacidad para comprenderlas y comunicarlas. Esto se convierte en una situación extremadamente difícil, ya que a partir de entonces resulta imposible comunicar claramente a los demás lo que uno siente o necesita, lo que provoca la ruptura de la resonancia emocional y la intersubjetividad.

7 consejos para afrontar el estrés:

  • Dedica cinco minutos al día (puede ser a primera hora de la mañana o por la noche) a sentarte en un lugar tranquilo, sin ruidos fuertes (preferiblemente en silencio), y respira profundamente tres veces. Después, empieza a respirar a tu propio ritmo. Si lo prefieres, puedes hacerlo tumbado con la mano sobre el corazón, concentrándote únicamente en tu respiración.

  • Planifica tus actividades.

  • Incluye actividad física en tu rutina.

  • Aprende a decir no.

  • Estate presente, en cuerpo y alma, en lo que estás haciendo en ese momento.

  • Mantén tu hogar y tu lugar de trabajo limpios y organizados.

  • Prioriza e invierte en tu bienestar.

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Rita Jones

Clínica de Psicología/Psicoanálisis

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